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La forma en que enfocamos el problema es el problema

La forma en que enfocamos el problema es el problema

¿Es éste el problema auténtico? ¿Soy un observador consciente apartado de las emociones? ¿Estoy diferenciando la procedencia del problema de los efectos? ¿Cómo es nuestro modelo mental? ¿Qué capacidades y habilidades hemos desarrollado a lo largo de la vida y que conforman nuestra inteligencia para resolver problemas no estructurados?

Stephen R. Covey propone en su libro «los 7 hábitos de la gente altamente efectiva» un tratamiento serio a los problemas ha de ser etiólogico (de las causas) y no sólo sintomático. Algo más que aspirinas o parches implica resolver problemas focalizándonos en los principios que producen resultados verdaderos y a largo plazo. Se trata de prepararse para realizar un cambio de hábito en la forma de pensar y de crear soluciones. 

Albert Einstein observó que «los problemas significativos que afrontamos no pueden solucionarse en el mismo nivel de pensamientos en el que estábamos cuando los creamos». El paso de un enfoque «de adentro hacia afuera» significa empezar por la persona; más fundamentalmente, empezar por la parte más interior de la persona: los paradigmas, el carácter y los motivos. 

Recuerdo a mi primer profesor de marketing, allá por 1990, cuando nos ensañaba a posicionarnos en diferentes perspectivas mentales para observar y determinar un problema. Él nos arengaba a establecer el hábito de preguntarnos: ¿es éste el problema auténtico? ¿Soy un observador consciente? ¿Estoy diferenciando la procedencia del problema de los efectos apartado de las emociones?

Es muy probable que algunos de nosotros hemos expresado en alguna oportunidad «hay mucho que hacer y nunca tengo el tiempo suficiente. Me siento presionado todo el día. He asistido a cursos de administración del tiempo y he intentado diferentes sistemas de planificación. Algo me han ayudado, pero todavía no siento estar llevando la vida feliz, productiva y tranquila que quiero vivir.»

El modo de ver el problema «desde afuera» me dice que tiene que haber algo, una técnica de planificación o control que me ayude a controlar todas esas presiones de una manera más efectiva.

El enfoque «desde adentro» implica profundizar, ir más allá: ¿no existe la posibilidad de que la efectividad no sea la respuesta? ¿el hecho de hacer más cosas en menos tiempo determinará una diferencia esencial, o sólo aumentará la rapidez con la que reacciono ante las personas y circunstancias que parecen controlar la vida? ¿no puede ser que deba ver ciertas cosas de una manera más profunda y fundamental, algún paradigma interior que afecta el modo en que veo mi tiempo, mi vida, y mi propia naturaleza?.

A esta altura vale preguntarse ¿cómo es nuestro modelo mental? ¿qué capacidades y habilidades hemos desarrollado a lo largo de la vida y que conforman nuestra inteligencia para resolver problemas no estructurados?

En cada uno de nosotros puede predominar un tipo de inteligencia: lógico-matemática, lingüística, interpersonal, intrapersonal, espacial y corporal. La mayoría de las personas puede desarrollar cada inteligencia hasta un nivel adecuado de competencia. 

Las inteligencias por lo general trabajan juntas de manera compleja, o sea, siempre interactúan entre sí y para realizar la mayoría de las tareas se precisan todas las inteligencias aunque en niveles diferentes. Hay muchas maneras de ser inteligentes.

¿Qué es la Inteligencia Emocional? Es la capacidad de sentir, percibir, entender, controlar y modificar tanto las emociones propias como las ajenas. 

Por experiencia, cuando se trata de dar forma a nuestras decisiones y a nuestras acciones, los sentimientos cuentan tanto como el pensamiento, y a menudo más. Para bien o para mal, la inteligencia puede no tener la menor importancia cuando dominan las emociones.

Un enfoque «hacia adentro» para observar los problemas aplicando inteligencia emocional implica: conocer y manejar las propias emociones y la propia motivación, reconocer las emociones en los demás y manejar las relaciones, que es, en gran medida, manejar las emociones de los demás. 

Daniel Goleman autor del libro «Inteligencia Emocional» sugiere cinco habilidades prácticas: Auto-conciencia, Auto-regulación o control emocional, Auto-motivación, Empatía y Habilidades Sociales. Estas habilidades son como una «caja de herramientas» que los agentes en los procesos de cambio y mejora organizacional tienen a su alcance. 

¿Qué pasaría si decidimos cuestionar todo y comenzamos a formular preguntas?. ¿Por qué?, nos obliga a «mirar el mundo con nuevos ojos». Una de las habilidades menos desarrolladas en nuestra formación es la de formular preguntas. Nos entrenaron para responder correctamente qué es y para qué sirve; pero también para dejar de lado preguntas hipotéticas, conflictivas, abiertas, de apreciación, que encaucen o focalicen nuestros pensamientos, que nos permitan razonar. 

En el caso de una empresa hay preguntas que pueden ser tal como: ¿qué pasaría si no pudiera utilizar más el proceso que se viene usando en la actualidad?, ¿qué pasaría si este proceso fuera el único que tuviéramos en la empresa?, ¿qué pasaría si el proceso estuviera totalmente automatizado? o ¿qué pasaría si evaluáramos los logros diariamente?

Todas estas preguntas son potenciales para generar búsqueda y descubrimiento, preguntas que nos brindan una oportunidad para hacer uso de todos nuestros recursos. 

¿Qué pasaría si intentamos aplicar esta técnica a aquellas cosas que venimos haciendo de la misma manera desde hace mucho tiempo?.